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El Mundo, entrevista de Iñaki Ellakuría a Andreu Jaume: «Asistimos al desguace de la democracia representativa»

Les dejamos la magnífica entrevista que Iñaki Ellakuría le hizo a nuestro director Andreu Jaume en El Mundo:

Editor, poeta, profesor, crítico literario y director del Centro Libre. Arte y Cultura (CLAC), Andreu Jaume (Palma, 1977) es un actor cultural de difícil clasificación por su versatilidad y eclecticismo. Desde hace años residiendo en Cataluña, Andreu fue uno de los primeros intelectuales que en el año 2012, en el inicio del proceso independentista catalán, se atrevió a romper la espiral del silencio impuesta por el nacionalismo catalán con una serie de artículos en los que denunciaba la deriva totalitaria en Cataluña. En esta entrevista reflexiona sobre el presente y el futuro de España y Europa.

Recientemente escribió un artículo destacando la pasión del presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, por la poesía. ¿Confía todavía en la cultura como redentora del debate público?
La política está hecha de cultura. Lo que pasa en Estados Unidos, con Donald Trump poniendo en jaque a la democracia de su país al resistirse a reconocer su derrota en las urnas, es una operación peligrosa y deshonesta que va a fracasar porque los padres fundadores de EEUU diseñaron un sistema que estaba pensando por si alguien como Trump aparecía en escena y trataba de subvertir sus fundamentos. Los fundadores de la democracia norteamericana eran gente empapada en la cultura europea de la ilustración de una manera impresionante. Thomas Jefferson tenía interiorizados todos los debates que había en Europa, por ejemplo la Revolución Gloriosa en Inglaterra, para dejar un sistema político protegido.
La política es palabra
Sí, pero se está olvidando. Estamos asistiendo al desguace de la democracia representativa. que la política necesita de la discusión a través de la palabra, a través del logos. En cambio, los parlamentos están siendo substituidos por platós de televisión, redes sociales, publicidad…. El populismo ha colapsado las democracias representativas. Boris Johnson trató de saltarse el parlamento por el brexit, algo insólito en una democracia tan sólida como la británica. En España vemos el desprecio de Pedro Sánchez por el Congreso con el estado de alarma es uno de los episodios más graves de nuestra democracia. ¿Cómo puede ser que después de un primer estado de alarma, que era algo tan excepcional que necesitaba que se votara su ampliación cada quince días, pasemos a uno de seis meses ininterrumpidos? Despreciar al parlamento en estos momentos tan delicados es imperdonable.
Desprecio de la palabra, pero también un silencio cómplice. Todo está pasando sin apenas oposición, ni protesta.
Nadie defiende la democracia. Los que creemos en la modernidad tenemos que defenderla con toda su complejidad. Es difícil, ciertamente, porque todos estamos arrastrados por la urgencia populista, fácil y grosera, superficial, que impide muchas veces saber de qué estamos hablando. La democracia no es solo votar, con esas etiquetas tan vulgares como «la voz del pueblo» o «votar no es delito». La democracia es el espacio no vinculado a ningún contenido natural. Pero cuando pasa como ahora, que los sentimientos de religión, raza, identidad, etc. invaden ese espacio, la democracia se pone en peligro. Hoy está infestada de emociones, sentimientos, con un Gobierno intentando legislar sobre ellos. Esa es una subversión de la esencia de la democracia. Eso no es fácil de explicar, porque lo más fácil es abrazar las expresiones viscerales que están invadiendo nuestro espacio. Por lo que no nos queda más remedio que oponerle a toda la complejidad de la que seamos capaces, decirles a la cara que lo que ellos defienden no es la democracia, sino una forma posmoderna de totalitarismo.
¿La complejidad asusta? La sociedad digital de las redes sociales es binaria, blanco o negro.
Empezó hace tiempo, cuando los asesores recomendaron a los políticos que no citaran a grandes autores en sus discursos, para evitar que el pueblo se sintiera en inferioridad, para no molestar, y que no les llamaran arrogantes. Esa idea en sí es un menosprecio al votante, que debería ser tratado como un adulto, pero en cambio lo hacen como si fueran niños, con ese lenguaje infantil y rudimentario que escuchamos en el Congreso. Los parlamentos han dejado de ser un espacio sacralizado de intercambio de ideas y se han infestado de publicidad, márketing, mensajes simples. Un ejemplo es Sánchez, con sus asesores, sus mensajes precocinados, sus fotos… Pero la complejidad de las sociedades no desaparece, aunque disfraces el mundo de simplicidad, y vuelve a aparecer de forma inesperada y violenta muchas veces.
Una Europa que está en peligro por la emergencia de los nacionalpopulismos…
La Unión Europea es un invento maravilloso que hay que respetar y defender, pero que está basado excesivamente en componentes comerciales y económicos, cuando debería ser más conscientes de sus raíces culturales, porque eso es lo que realmente da unidad al proyecto común, es la unidad preciada de la UE. España debería ser también más consciente y respetuosa con su tradición cultural. Sin embargo, nos hemos aferrado de manera provinciana y perjudicial a las lenguas como forma de identidad, olvidando la profundidad de la cultura que compartimos todos los españoles. Y es cuando uno más profundiza en esa cultura común cuando aparece la diversidad de sus sedimentos y las identidades se van diluyendo y se relativizan. Ese es el camino para Europa y España, intentar volver al mito del estado nación solo conduce al odio y la destrucción. En este sentido, creo que España tiene una de las culturas más potentes y al mismo tiempo más descuidadas de Europa. Durante el primer encierro por la pandemia, estuve trabajando en una nueva edición de la Biblia del Oso, la primera traducción completa al castellano de la Biblia, obra de Casiodoro de Reina, un fraile jerónimo que tuvo que exiliarse y que sobrevivió a la persecución de Felipe II y que logró hacer una traducción cuya trascendencia y calidad es comparable al Quijote. Y, sin embargo, es un personaje desconocido en España. Es nuestro Lutero.
Volvamos a la idea del silencio y las complicidades, ¿entiende que el PSOE y el socialismo español calle o aplauda el pacto del Gobierno con Bildu?
Da igual las siglas que tuviera el PSOE de Sánchez, porque el presidente ha sustituido la política por el mercadeo. Sánchez es un mercader que vende los restos que quedan de la España constitucional. Un cínico sin escrúpulos que hará lo que le dé la gana, ya sea pactar con Bildu, permitir que el castellano desaparezca de Cataluña, mientras eso le permita mantenerse en el poder unos años. Lo ha demostrado con el pacto de gobierno que ha hecho con Podemos. Sánchez es un político para nuestros tiempos, se ha sabido adaptar a los centros de poder y difusión que ahora determinan corrientes de voto y publicidad. Es una operación política muy peligrosa y, desde el punto de vista ético, es abyecta. El PSOE, en estos momentos de crisis tan grave, debería intentar liderar un pacto nacional con PP y Cs, pero en cambio se dedica a unos pactos contra natura con partidos que dicen que quieren destruir España, quizá con la falsa ilusión de querer integrarlos.
Cómo explica esta singularidad de la izquierda española de abrazase a los nacionalismos?
La izquierda siempre ha detestado la idea de España, ha sido anti española. Recordemos cómo Pablo Iglesias decía que le costaba pronunciar la palabra España. Es algo muy particular de este país, en parte porque vinculan la resistencia al franquismo con los nacionalismos periféricos. Eso ha envenenado muchísimo el debate democrático. Me costó mucho explicar en Mallorca a gente de la tradición socialdemócrata lo que estaba haciendo el nacionalismo en Cataluña, durante años consideraban que Jordi Pujol era un gran estadista, hasta que vieron lo que ocurrió en otoño de 2017. Es un fenómeno muy particular. Yo soy descendiente de un republicano, de un diputado socialista fusilado por los franquistas, y siempre digo que mi bisabuelo murió por una idea de España, no por una idea de Mallorca o de Cataluña.
¿Estamos ante un procés español?
Hay muchos síntomas que indican que todo lo que ha ocurrido en Cataluña está empezando a ocurrir en el conjunto de España. Los mecanismos del pacto de Pasqual Maragall y José Montilla con ERC durante los dos gobiernos tripartitos está sucediendo a un nivel estatal, y ya se ha institucionalizado. Es inaudita la tensión que está provocando el Gobierno con la Corona, nunca se había atacado con esta virulencia a la institución, alimentando un falso republicanismo. Porque los que defienden hoy en España la República en realidad defienden unas ideas reaccionarias, como los privilegios de origen, de territorios, el ataque a la lengua común, la koiné, que es el español. Frente a ellos, el Rey Felipe es el verdadero garante de la democracia parlamentaria. Su discurso frente al golpe independentista en octubre de 2017 fue necesario e importante. Cierto es que habrá que solventar los problemas actuales de la Institución con Don Juan Carlos, hay que explicar muy bien todo lo que está saliendo publicado sobre los años finales de su reinado. Pero de la misma manera que una institución como la Generalitat que ha sufrido graves casos de corrupción no ha sido destruida, tampoco debe pasar con la Monarquía. Como decía Auden, todas las naciones que han conseguido mantener con vida la monarquía, deberían conservar la institución. Entre otras razones porque es un símbolo ancestral de autoridad que me parece muy beneficiosa para la democracia. Muchas repúblicas actuales, como Francia y EEUU, mantienen privilegios para sus presidencias con poderes especiales que nuestro Rey, por ejemplo, no tiene hoy.
A usted, que es de Mallorca y vive en Cataluña, ¿qué le parece que la nueva ley de Educación elimine el español como lengua vehicular?
La inmersión ha sido una fórmula de manipulación de la historia para permitir que una parte de la burguesía catalana se liberara de su propio pasado de colaboraciones con el franquismo. La historia de Cataluña es más compleja y difícil e incómoda para el proyecto de propaganda que puso en marcha Jordi Pujol en 1980. La identificación de una lengua con una ideología es una tragedia, empobrece la lengua, la cultura de un país y la libertad de sus hablantes que no comulguen con esos falsos mitos. El procés ha arrasado la cultura en Cataluña. Como director del CLAC, una asociación fundada por una serie de intelectuales para crear un espacio de difusión cultural libre, me enfrento a todo tipo de trabas para encontrar, por ejemplo, un local en la Barcelona de Colau. Toda disidencia al nacionalismo debe ser silenciada. Mucha gente tiene miedo de decir lo que piensa. Luego vemos cómo lo subvención nacionalista ha empobrecido a la cultura. La literatura que ha creado el pujolismo es de una pobreza desoladora comparada con la literatura catalana de todo siglo XX. Cuando empiezan la subvención y la propaganda, se convierte en literatura provinciana y de corto alcance. Barcelona había sido capital mundial de la edición en castellano, y eso lo hemos dejado perder sin que nadie en Cataluña se haya preocupado por defender y custodiar el patrimonio de esta ciudad.
Sobre la pandemia, Bernard-Henri Lévy ha lamentado que el miedo haya tomado a nuestras sociedades…
La sociedad occidental está muy mimada y acostumbrada a una arrogancia técnico-científica que le había hecho creer que estaba a punto de alcanzar la inmortalidad, de convertirnos en dioses. De repente, un virus nos recuerda que somos mortales y nos ha dado un ataque de histeria. Me preocupa también cómo estamos normalizando la excepción, la facilidad con la que el Gobierno ha impuesto el estado de excepción. Desde 2001, tras el atentado de las Torres Gemelas, estamos dando por bueno en nombre de la seguridad renuncias muy preocupantes a derechos fundamentales y espacios de libertad. Por ello, hay que ser muy respetuosos con los procedimientos legales parlamentarios y de discusión. ¿Qué pasaría si la actual crisis sanitaria se agrava con disturbios? ¿El estado de excepción sería la regla? La libertad es mucho más frágil de lo que creemos.
El miedo también a los que piensan diferente. Ahí tenemos la fiebre de lo políticamente correcto…
La tiranía de lo políticamente correcto, que ahora vemos con la llamada «cultura de la cancelación», empezó en el mundo anglosajón y es allí donde dieron la alarma primero. Fue clave el libro The Closing of the american mind, en el que pese a ser tachado de reaccionario y despertar una fuerte polémica, acertó al denunciar que se estaba empobreciendo el debate y se avanzaba hacia una sociedad más excluyente. Otro libro que nos avisó de lo que esta por llegar fue la novela de Philip Roth La mancha humana. Ahora vemos cómo lo políticamente correcto está afectando a la forma de enseñar en los colegios y las universidades, a la forma de leer los textos, de interpretar películas. Tengo un amigo que es profesor universitario que les puso en clase la película Vértigo, de Hitchcock, y parte de los alumnos le dijeron que eso era un ejemplo de violencia hetero patriarcal. Reaccionar así con 18 años ante una película tan compleja como Vértigo significa que se está produciendo ciudadanos sumisos y obedientes a pequeñas consignas.

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